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El plan de Figueroa para ganar las elecciones legislativas de este año con una campaña por la positiva, que mostrara las bondades de un provincialismo que se presume próspero y sin poner en riesgo la alianza local que lo llevó hasta donde está, ni tener que enfrentar al gobierno de Javier Milei y mucho menos al propio Milei, ha sido puesto a prueba en las últimas semanas.
El surgimiento de una fórmula renovada del peronismo neuquino, fuertemente opositora al gobierno nacional y con posibilidades de recuperar su propio espacio, y la contundente derrota sufrida por La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, junto con el vertiginoso deterioro de la imagen presidencial y la tambaleante economía, han obligado al gobernador de Neuquén a modificar su discurso, volviéndolo tímidamente más crítico del modelo nacional.
La irrupción en Neuquén de una fórmula competitiva de Fuerza Patria, “corre por izquierda” a la mentada Neuquinidad, que no contemplaba al peronismo local, golpeado por la derrota nacional del 2023 y sumido en el desaliento, como un competidor de peso.
De la mano de sus dos candidatas mujeres, FP enarbola un discurso de campaña que deja un tanto descolocado al colaboracionismo vergonzante de la provincia para con el gobierno de Milei.
No sólo por la fractura que produjeron los que se fueron con “Rolo” y por lo que “Rolo” mismo hizo para que así fuera, el peronismo neuquino viene de una crisis profunda producto de una conducción desgastada por la ausencia de democracia interna, el nepotismo y la ausencia de iniciativa. Ello, se sumó al fracaso del último gobierno nacional, que defraudó las expectativas de los sectores sociales que siempre representó.
Sin embargo y acaso porque ningún número puestomedía lo suficiente en las encuestas, la postulación de la combativa rectora de la UNCo Beatriz Gentile, una de las figuras que lideró el rechazo al ajuste en las universidades y de Silvia Sapag. que por linaje personal puede ayudar a remover los rescoldos de un MPN abandonado a su suerte, han obrado como un soplo de aire fresco entre la militancia peronista y aún más allá. Este panorama imprevisto, ha venido a complicarle la campaña a Figueroa, que aspiraba a provincializar la elección para eludir problemas con Nación y sacar alguna ventaja frente a LLA, a la que ha considerado su único competidor de peso.
El otro hecho que puso medianamente en crisis la estrategia electoral de Figueroa es la abrumadora derrota del mileísmo en la provincia de Buenos Aires, juntamente con el creciente deterioro de la figura presidencial, su hermana “la Jefa”, salpicada por gruesos escándalos de corrupción y -más que todo lo dicho junto-, una economía que se derrumba como un castillo de naipes en medio de un repudio generalizado del grueso de la población.
Figueroa ha ayudado a sostener las políticas más controvertidas del patético personaje que ejerce la presidencia y que, loco o no, representa a los grupos concentrados de la economía y el capital extranjero. Entre otras cosas porque obtuvo una ley que pone los hidrocarburos a precio internacional y elimina por primera vez el objetivo nacional del autoabastecimiento, dos verdaderos sueños húmedos del MPN que el gobernador conserva.
Con esto como con todo, el problema con los que no reciben órdenes de Buenos Aires sino de Neuquén, es que pueden votar contra los intereses de los argentinos. O ausentarse del recinto cuando se vota un tema crucial para las mayorías.
Neuquén tiene Vaca Muerta sí. Pero ni Neuquén es la isla de la felicidad, como pretendía uno de los líderes del partido al que perteneció Figueroa, ni Buenos Aires está tan lejos como postuló el gobernador cuando se enteró del abrumador triunfo de Fuerza Patria en esa provincia. El cachetazo a Milei fue más que una elección provincial, fue un repudio plebiscitario.
Frente este cambio en el panorama electoral, es probable que el oficialismo neuquino se consuele pensado que lo que puede perder por un lado lo puede recuperar por el otro. Que la creciente debacle del experimento mileísta puede beneficiarlo, en la medida que esmerila las posibilidades de LLA en Neuquén y, sobre todo, desalienta a muchos de los jóvenes que la votaron y ahora muy probablemente dejarán de ir a votar “porque son todos iguales”.
Es probable que lo que le quite un peronismo renovado, que pone en evidencia lo que La Neuquinidad preferiría olvidar, Figueroa lo supla con la defraudación de las expectativas que generaba el mileísmo. Aunque en todo caso el gobernador tampoco debe ver con buenos ojos la posibilidad de que emerja un peronismo neuquino con fuste opositor.
A pesar de sus concesiones a un gobierno que está llevando el país y a su gente a la bancarrota, en Neuquén todavía se sostiene cierto estado de bienestar, pero, paradoja, su administración no quiere confrontar con quienes lo están destruyendo en la Argentina. Hacer lo necesario parea “vivir tranquilo” en un mundo que se derrumba, puede terminar como el peor de los negocios.
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