

La semana empezó con Milei insultando a los gritos a la oposición en la Asamblea Legislativa y terminó con el besamanos de los presidentes latinoamericanos serviles al emperador Trump, entre ellos el argentino, en la denominada Cumbre Escudo de las Américas. Como telón de fondo, el bombardeo de Estados Unidos e Israel a Irán, que abre las puertas del infierno y que Milei respaldó. Lo primero, el discurso violento, plagado de injurias, es sin duda deliberado y está destinado a clausurar cualquier debate racional sobre las calamidades que el líder de LLA y sus secuaces han desencadenado sobre el país. Lo segundo y lo tercero forman parte del alineamiento incondicional con EE.UU. y no son inocuos, ponen a la Argentina en peligro en un conflicto con el que no tiene nada que ver. ¿Soberanía? Sí, la yanqui. ¿La de Argentina? Para qué la necesitaría un país que se va pareciendo a un protectorado.


Además de terminar con la industria, el trabajo, la soberanía y demás, Milei encarna una amenaza de desmembramiento territorial. Esta semana fue la reforma laboral, la baja de la punibilidad y la entrega de los glaciares. Los facilitadores de estas calamidades son algunos gobernadores. Sea para fortalecer su poder político o para engordar el bolsillo, se desentienden de los intereses nacionales. El imán de estas claudicaciones se puede llamar minería, petróleo, gas o litio. Con la ley de glaciares se han juntado el hambre con las ganas de comer: el compromiso de Milei con los yanquis por los minerales críticos y los gobernadores en plan lobistas de las multinacionales. El huevo de la serpiente fue el traspaso de los recursos naturales a las provincias con la reforma del 94. Cuando abandonan los principios, estos adalides del “federalismo” pasan a ser el eslabón más débil de la soberanía. Si algún día no alcanzara con eso, los alentarán a promover la secesión territorial.
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